martes, 8 de diciembre de 2015

Pretensión

Deberíamos haber sido, en cambio somos nada.
Podríamos haber saltado, pero caímos.
No entendimos las frases de nuestras sonrisas, sino que preferimos traducir las de nuestras cabezas, y por eso, sólo por eso, estamos solos.

Tú allá y yo acá, lejos, distantes de todo lo que podría y no fue.

Inalcanzable y alcanzable, ahí nos equivocamos, le pusimos un "in" pensando que era dentro... pero no recordamos que en castellano es sinónimo de negación, de contra.

Olvidamos nuestra lengua porque estábamos muy ocupados haciéndonos los interesantes, los indiferentes, los orgullosos.
Olvidamos respirar y mirar más allá.
Olvidamos conocernos, porque estábamos pendientes de los chicos de colores.
Olvidamos que la vida es para vivirla y no pretenderla.

jueves, 18 de diciembre de 2014

La Idiota

Ella era de esas idiotas que creían en los hombres sinceros. Creía en el caballero que te acompaña a casa, el que te besa en la puerta de entrada. Creía en ese que sonreía solo por poder mirar sus ojos, en ese que no necesitaba más que su presencia.

Ella, era un idiota. La idiota de los cuentos de hadas. La idiota que soñaba despierta, la que ponía su fe en cada hombre que la encandilaba con sus ojos marrones.
La idiota sin amor propio. La idiota en busca de amor.

Ella quería una caricia, una sonrisa, una mano en la suya. Siempre la buscaba, ahí donde no iba a encontrar nada.

Y caminaba sola a casa, con su idiotez brillando como un aura. La idiota llegaba a casa y lloraba en su almohada blanca; y odiaba todo, todo, todo…

Era de esas idiotas que se arreglan para salir con el chico equivocado, y aunque el indicado le tocará la puerta y le dijera “hola, soy el indicado”, no lo vería, porque no llevaría las lentillas puestas; no lo escucharía, porque la música sonaría a todo lo que da el pequeño parlante rojo.

Era esa clase de idiota que piensa que es su culpa no gustar. Esa idiota que se rinde, que se tira en su cama a soñar con lo que no existe.

La idiota suprema, la estúpida que se va quedando sin sonrisa; le echa la culpa a su cuerpo, a su pelo, y su poca inteligencia.

Era de esas que se sentaba después de una cita a tipear historias de amor en el pc, la que se pasaba las manos por la cara pensando “¿Qué paso?”; era de esas que se tomaba un cerveza sola en la oscura y fría habitación.


Ella era idiota, porque al igual que el idiota, no era capaz de ver sus colores en el espejo.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Podría, pero no fue...

Ese era el día, iba a quedar con la chica del recreo. La rubia, la de los ojos grises. Hacia un tiempo que venía con la idea de conocerla. No te imagines una rubia despampanante ni nada, no era alta, pero tampoco baja, su sonrisa se torcía un poco cuando lo saludaba, y su pelo era ondulado y desordenado. Su cara era una cara más, aunque sus ojos eran de otro mundo. Quizás eso llamó su atención, sus ojos profundos. Cada vez que la miraba a los ojos era como hundirse en un pozo de agua, ahogarse, quedar sin respiración, pero a la vez era una bocanada de aire, de ese que luego de un tiempo te quema los pulmones, pero que agradeces.

Un día se armó de valor y se acercó, le platicó algunas idioteces, y al sonar el timbre del recreo, apurado y en palabras atropelladas, le pidió que aceptara un vaso de zumo. Ella con una sonrisa y ladeando su cabeza a la izquierda, aceptó.

Pasaron los días, y la veía sentada sola, como siempre, en la última banca del patio de recreo. Decidió que en el siguiente bloque, se acercaría a determinar un día.
Durante toda la clase miró a través de la ventana, en su mente se iban superponiendo distintas frases, imágenes, gestos que podría usar cuándo hablara con ella. Pero cada una la desechaba por una que creía menos estudiada. Así pasaron 45 minutos, entre imágenes y palabras, entre retorcijones de estómago y manos un poco sudadas. Al sonar el timbre, se levantó tan rápido de su silla, que tuvo que volver a sentarse, contó hasta tres y se levantó despacio. La ansiedad se apropiaba de cada parte de su cuerpo, basta, se dijo así mismo, tranquilo, se repitió.
Ella estaba ahí sentada, leyendo, como siempre. La saludó, y no obtuvo otra respuesta, sino que una mano levantada con el dedo índice apuntando al cielo. Espero unos minutos hasta que ella levantó la mirada y le dio esa sonrisa torcida que le retorcía el estómago. Conversaron durante todo el recreo, y una vez más, al sonar el timbre, hablo rápido. Determinaron un día y hora para tomarse ese zumo.

El día había llegado, domingo a las cinco de la tarde. El sol brillaba afuera, sería un buen día.

A las 16:40 salió de su piso, con rumbo al punto de encuentro. Magnifica la sensación que tuvo al verla en la esquina, con su libro en la mano, un vestido y una chaqueta verde musgo. El día fue perfecto, además de un zumo, comieron magdalenas, pasearon por el parque, y hablaron de la vida mientras miraban el cielo a la sombra de un aromo.
Eran ya las 21:30, y estaba oscuro, era hora de separarse y ambos lo lamentaban, a pesar que habían ido cogidos de la mano por ahí, se despidieron con un beso en la mejilla, quedaron para el primer recreo del día siguiente.


Ese era el día, iba a quedar con la chica del recreo.  El sol brillaba afuera, sería un buen día. A las 16:35 comenzó la tormenta.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Compulsivo

Desde hace una hora el mentiroso compulsivo está en la terraza, lo sé. Lo veo.
Alcanzo a ver su reflejo en la ventana. Tiene un poco de labial en sus labios. Gotas de sudor viajan de su frente  a su mentón. Su mano tiembla, mientras lleva el cigarrillo a su boca. No entiendo muy bien porque tengo labial rosa impregnado en mi piel.

Oigo un zumbido.

A sus pies hay dos, no… tres cajetillas de Lucky. Irónico, la suerte se marcho de su vida hace ya mucho tiempo. Hay unas botellas de alcohol, no logro distinguir de qué. Estoy cerca, pero lo suficientemente lejos para que mis ojos no alcancen a ver las etiquetas.
No tengo muy claro cuánto tiempo lleva ahí en la terraza, solo, diciéndose mentiras así mismo, a su propio reflejo. Buscando justificaciones para todo lo que hice y lo que no. Las cosas que dejó de decir, y las muchas otras que gritó, que escupió.

Mueve sus manos, como sacando una mosca, quizás es el zumbido.

Imágenes del día anterior inundan su reflejo. No recuerda muy bien, ni yo, cómo llego a la costa; sólo que la vio. Ahí estaba ella, con pelo negro al viento y sus ojos verdes mirando el mar. 
Recuerdo que reí cuando la vi, parecía un pequeño oso, toda esa ropa, esa bufanda que escondía su boca rosa; los guantes que hacían parecer sus dedos un poco más pequeños; sus botas gruesas. 
Rio, porque hace años que no la veía, hace más que la había dejado, hace vidas que la había encontrado.
Recordó el circo. Ahí la conoció. Ahí la conocí.  Entremedio de las carpas, de las jaulas, de las casas rodantes. Perdida en el centro del campamento, sentada en la tierra con un cachorro arropado en sus piernas; aún oigo su voz. Él podía recordar la voz, lo sé porque suena en mi oído, sobre el zumbido, su voz es más fuerte.

Fue corto, fugaz, casi invisible.

Me invitó a su casa rodante una noche en que la luna llena no se veía. -la mía es la de ahí- apuntó con su dedo largo, casi infinito.  Y me besó, corto, pero infinito, tal como sus dedos.

Duró solo quince días. Su edad, mi edad, la de ella también.

El día decimosexto caminé igual que todos los otros, bajando por los cerros. Desde arriba pude ver el desfile; un camión, varias, demasiadas, casas rodantes y seis jaulas con leones y tigres. Seis, lo recuerdo por qué ese día era seis, seis de noviembre, mi día de suerte hasta ese día.
Porque estoy seguro, ese día ella se llevó la suerte del mentiroso. Se llevó su suerte en ese beso, en esos besos; ella se la robo de a poquito. Se la llevo sin preguntar, y me dejo así como estoy. Un mentiroso compulsivo.

Miro mi reflejo en la ventana, y sus dedos infinitos se van de mi mente. Su voz, se distorsiona, porque otra vez, mi mente se miente así misma. Me deja inerte y luego me sacude. Ni siquiera sé si mi recuerdo es cierto, sé que te lo conté varias veces, ¿siempre es igual? Sí, siempre. Mi reflejo mueve la boca y entiendo que hablo en voz alta de nuevo. De nuevo. Saco la pastilla de mi bolsillo, un trago de pisco, listo.


Logro salir de mi reflejo, de mi mente, de mí mismo. Ahí en la calle, la gente corre. Ese era el zumbido

martes, 11 de noviembre de 2014

Brisas

Las gotas de sudor recorren su espalda hasta llegar a la parte baja. Pasa su  mano por la frente una vez más, en un vano intento de alejar el calor.
Levanta la mirada, y el sol, ese sol amarillo y gigante,  la enceguece.
El mar ruge delante.
La brisa llega por su costado izquierdo, levantando su cabello chocolate que se mete en sus ojos, en su boca.
Levanta aún mas la mirada, una pequeña sonrisa se dibuja en su labios. Quiere levantar los brazos, y creer que vuela, que el viento que la golpea, es el viento del cielo, de los pájaros. Quiere volar.
Mira hacía atrás, y el muelle ya va quedando vacío. El sol está cada vez mas cerca del mar, cerquita. Otra ráfaga de viento la golpea, y otra, y son dos, una por el izquierdo, otra por la espalda.
Y deja el miedo, la vergüenza atrás; eleva sus talones y apoya su estómago en la baranda, cierra los ojos y levanta la mirada hacia el cielo. Abre sus brazos.
Y vuela.
El rugir del viento en sus oídos; golpeando su cara, sus brazos; llevando su pelo hacia sus pies.
Detrás de sus parpados, puede ver el color del sol acercándose al mar. Su sonrisa ya no es pequeña, es gigante, como la abertura de sus brazos, como el camino dispuesta a volar. Gigante como la vida, como su amor, como su alegría Gigante, gigante.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Idiota

La conoció por casualidad. 
Ni siquiera llamó su atención. No tenía una belleza devastadora, ni siquiera de esas con la que giras la cabeza, para echarle mejor el ojo. Era ella, y su belleza blanca, sin nada que destacara.
No era a ella a quién quería conocer, sino a la otra, aquella de belleza de color, con unos ojos grandes y acento extranjero; aquella de la voz fuerte, de la que todos querían saber si era soltera, aquella que termino en el olvido por el idiota
El idiota no se fijo, pero, ella lo miraba; sentía que había algo en él digno de conocer, algo en esos ojos tristes que podría confortarla, hacer quererlo o simplemente sentarse a su lado en silencio.
Ella sabía que su belleza era blanca, y no intento nada.
El idiota miro por tercera, cuarta y quinta vez, en cada oportunidad la belleza fue tomando un color un poco mas fuerte que el blanco; y la belleza de  aquella, fue perdiendo color. Quizás la belleza de aquella fluía hacía ella despacio, en un susurro, pensó él.
Lo que el idiota no sabía, era que la belleza blanca es la mas bella. Cada uno le pone su propio color, y agrega tonalidades de sí mismo, y se mezclan con los de ella; y cuando menos lo imaginas los colores son tan cegadores que debes poner tu mano de sombrilla o te daña los ojos. 
Cuando los colores ya no dañan, aparecen los colores oscuros, sus detalles, sus penas, sus inseguridades, sus fracasos, comienzan a colorear también su belleza. 
Aquí es cuando los colores del idiota comienzan a mezclarse con los de ella, mientras conversan, ríen o se insultan (las damas también  insultan). El problemas es, ¿que sucede si los colores terminan dañandose mutuamente?  o ¿ si la mezcla termina en una masa sin brillo y nada de color?
Podemos agregar color, ver si mejora o enamorarnos del color oscuro, como se ama la noche, como se ama la luna.
El idiota no lo pensó así. Es demasiado inseguro para arriesgarse a un color oscuro; el idiota prefiere correr a una belleza de color, no quiere descubrir el color de ella, no quiere atreverse a mezclar sus colores; no quiere fallar.

El idiota y ella, no están juntos. Ella siguió y busca quién entienda que lo bello, no siempre brilla, que no siempre es hermoso o cegador a la primera mirada.

El idiota, volvió a una chica de belleza de color; y bueno, sigue siendo un idiota.

lunes, 28 de octubre de 2013

Factible/Tangible

Sí, es un algo medio mamón de nuevo.
Pero es difícil olvidar tu sonrisa,
Tu risa estruendosa
Tus ojos...

Cada vez que me atrevo a recordarte, solo recuerdo lo bueno, 

y nada de lo malo...
Se me olvida que ya no somos nada,

Quizás conocidos...

pero en el fondo...

NO SOMOS NADA.
Quisiera, si pudiera,..
besarte...tocarte, tan solo mirarte
Pero nada de eso, es algo factible

porque ya ni siquiera 
eres Tangible.
Quizás un día, te encuentre bailando, corriendo, besando a otra...

que va, ya ni siquiera me acuerdo de... 

Tu cara .

domingo, 9 de diciembre de 2012

Cuento de la triste solitaria.


No había nadie en las calles.
La lluvia caía sobre la ciudad.
Torrencial.
Caminaba por la orilla de la playa, descalza. Hace unas horas atrás había salido de casa. El encierro me sofoca. La lluvia caía sobre su pelo, disfrutaba la frescura en su cuerpo, su abrigo estaba pegado a su cuerpo, sus zapatos, en sus manos, no servirían de ninguna protección cuando quisiera regresar a casa.
Levante la vista, frente al mar, era el momento en que el sol esta casi por ser tragado. Se sienta. Los tintes del atardecer se adueñan del cielo, rojos, naranjas y algunos rayos púrpuras, deseé haber traído mi cámara. Me quedo quieta, cierro los ojos y siento cada gota que recorre mi cara, intento descubrir los sonidos por separados de las olas que rompen primero, inhalo profundo por si encuentro algún olor diferente al salado que acosa mi nariz. Logra separar un sonido, no son olas, es mas como un crujido, quizás pasos. Ella voltea.
La playa no está tan solitaria como pensé, como estaría en un día de invierno. Hay alguien, camina en mi dirección, no logro saber si es hombre o mujer, la capucha de su abrigo tapa su rostro, y desde aquí, solo veo una silueta.


Es un él, pero ella no lo sabrá hasta dentro de unos momentos. El se debate si hablarle a esa muchacha extraña. Debe ser extraña si esta en medio de una lluvia torrencial, sin paraguas y sin zapatos.
Él se decide. Ahora, ella lo va a conocer
-¿te puedo acompañar?
La silueta se acerco demasiado, ahora esta parada cerca de mi.
Él esta nervioso. El pregunta
Ella voltea la cara con los ojos entrecerrados. La lluvia no me deja ver muy bien. Ella vuelve a girar su cabeza hacia el horizonte. Asiento con la cabeza, sinceramente espero que se siente a mi lado.
El pasa por detrás de ella. Ella suspira infeliz.
El se sienta al lado de ella. Me dan ganas de reír por lo tonto de la situación, pensé que no se sentaría, aunque hubiese sido absurdo preguntar para no hacerlo. Siente que una ataque de risa sube por su garganta.
La mire de reojo y vi como se llevaba sus delgadas manos a la boca y empezaba a reír.
Se sintió avergonzado. El color subió por sus mejillas, y sus manos comenzaron a frotarse arduamente una con la otra. Pensé en preguntarle que era lo que le provocaba risa. Consideró que el hecho de haberle pedido acompañarla, ya había sido suficiente.


Ella reía sin poder parar. El la miraba sin poder parar.


-lo siento- susurró
El asintió con la cabeza y sonrió. Ella rió despacito. Su sonrisa torcida provoco que una risa se me escapara nuevamente de la boca. Logró detenerla.
-¿cuál es tu nombre?- mientras hacía la pregunta me apuntaba con uno de sus dedos. Dudó un momento si decirle su nombre real, barajo la posibilidad de inventarse una vida mientras transcurría la conversación. Mejor no, pensé.
-Victoria. La educación me hace devolverte la pregunta, aunque sinceramente no sé si quiero saber tu nombre o que me lo digas tú. No, no me lo digas, cuéntame de ti y luego adivinare.
Era tan extraña, pensó. Nadie nunca daría una respuesta así, a una pregunta tan fácil y tan común como, “¿cuál es tu nombre?”. Pensó en que cosa le podría contar de su vida, que le interesaría saber.
Ella esperaba en silencio, sus piernas recogidas y abrazadas por sus brazos, su cabeza apoyada en sus rodillas. Un largo cabello color miel salía de su gorro.
El la miro a los ojos
-¿De que color son tus ojos?
-era de tu vida, no el color de mis ojos
El titubeó. Pensó en una respuesta rápida que desecho rápidamente por su tono ,totalmente, acaramelado.
-Tengo 19.
Ella quería saber de que color eran los ojos de él, el sol ya se había escondido y poco y nada le alcanzaba a ver la cara. Quizás café o negros, nunca he conocido a nadie que los tenga grises.
-¿se supone que debo hablar solo de mi? O ¿debo hacerte la pregunta a ti también?, como ¿que edad tienes?.- sinceramente él no sabía esto. Ella lo miró ladeando la cabeza y deseando que las estrellas se apresuraran en salir o que la luna lo hiciera.
-Solo tú, después me tocara a mi- sonrió
-dejo de llover
-eso no es de ti, es del clima
-pero nos involucra, a ti y a mi- ella asintió con la cabeza, dándole una pequeña sonrisa, que el no alcanzó a ver.
-estudio gráfica digital- se quedo mirando hacia el mar un momento. Ella pensó que no había nada mas que contar, pero el siguió
- ¿sabes?, cuando alguien te pide que hables de tu vida, no sabes que decir, por donde partir, que decir. No te conozco y podría pensar que estas loca por tu rara manera de estar aquí, sentada en la playa. Sola. Descalza y sin paraguas. Sinceramente no se que decirte y verdaderamente me intriga el color de tus ojos.
-Yo te podría decir, amigo mio, que es mas extraño pedirle a alguien que no conoces sentarse a su lado. Esperar que esa persona sea tan normal como tú al decirte que si, que te puedes sentar. Aunque, el solo hecho de haber hecho la pregunta, te transforma en una persona que no es normal, y a mi por decir que si tampoco, por lo tanto creo que los dos somos raros
Ninguno de los dos entendió lo que se dijo ni lo que dijo. - terminaron riendo los dos.
No se si es una historia de amor. No se que tipo de historia es. Quizás, ella espera algo así, o quizás no espera nada. El por su parte espera poder conocerla o quizás solo una conquista mas. No lo tengo claro. Se que ella pensaba todavía en que color tenía los ojos él, y él quería saber el color de los suyos.
-¿ya puedes adivinar mi nombre?
-quizás... yo diría que tu nombre empieza con...- y dibujo con su dedo una gran “B” en la arena, el sonrío
-me acabo de encontrar con una adivina, aunque estoy seguro que no adivinaras mi nombre.
-Benjamín. Así te llamaría. Benjamín- sus ojos se cerraron un momento y recordó a un Benjamín de su vida. Recordé cuanto lo quise y cuanto daño nos hicimos. Cuanto deseé retroceder el tiempo y cuanto decidí no arrepentirme jamás de nada hecho.
-no, no me llamo Benjamín
-por un momento deseé que así fuera- ella realmente lo deseo, aunque era absurdo ponerle el nombre a otro hombre, de aquel hombre que quiso tanto algún raro día.
-Yo desearía que te llamaras Victoria- contesto serio. Ella lo miro de reojo y no supo si reír o pegarle un manotazo. Quizás todavía no le podía pegar el manotazo, pensó
Salio de su boca, como sale un improperio. El no sabía por que lo dijo, solo que lo dijo. Pensé en reírme de lo que dije para que ella se relajara, su cara se había tensado cuando dije que desearía que se llamara como se llama, preferí quedarme callado.
Silencio. Olas. Viento
Solo eso se escuchaba de fondo, quizás de vez en cuando la respiración de ella o la de él en un suspiro mas fuerte de lo normal.
Ella recordó cuando conoció a Benjamín. El primer beso. La pelea. Cuando se vieron esa última vez. La llamada. El funeral.
El pensaba en que color serían sus ojos.
Me sentí vacía. El me recordó tanto a Benjamín. Quiso tomar su mano, tenía la leve sensación que sería como la de él.
-¿te puedo tomar la mano?-
El silencio se rasgo con esa pregunta. Esa pregunta, casi, fuera de lugar. Me tomó por sorpresa su pregunta, fue repentina y sin sentido para mi. El dudó y no supo que contestar.
Preferí esconder mis manos en los bolsillos de mi chaqueta. Me sentí avergonzada y tonta. Miró el cielo. La luna se veía detrás de las nubes que ya se retiraban.
El viento se hacía cada vez mas fuerte. El aire cada vez mas gélido y sus cuerpos cada vez tiritaban mas.
El decidió buscar su mano en la oscuridad. Ella las hundió un poco mas en sus mojados bolsillos. Busqué alguna pregunta, alguna frase, algo de lo que pudiera hablarle.
Ella pensaba el porque del él caminando por la playa en plena lluvia.
-¿quieres mi chaqueta?, está seca. Ella contesto, levantándose y sacándose su chaqueta empapada. Él no sabía si voltear la cabeza.
Victoria se fue deshaciendo de cada pieza de ropa que le cubría su delgado cuerpo. La ropa caía con un sonido seco en la arena, casi tan húmeda como la misma que caía sobre ella.
La luna estaba al descubierto, al igual que ella. Sus rayos tocaban cada centímetro de su trigueña piel. Estiro la mano.
-¿me la das?
-sí claro
Cuando lo miré a los ojos descubrí que los tenia grises. Grises con una pequeñas manchas verdosas.
En su nariz brillaba una pequeña argolla. En su muñeca, un tatuaje de un canario.
Ella quiso preguntarle por sus ojos. Él, por su tatuaje.
Ellos no sabían que hacían. Él no entendía por que le había preguntado. Ella no lograba creer que le hubiese dicho que sí.
Todo era un caos. En la mente de cada uno había torbellinos. Cada uno con sus problemas y una puerta con un cartel de EXIT brillando arriba.
El creía que detrás de su puerta estaba ella, con una polera que decía Nueva Oportunidad.
Ella, esperaba que estuviera Benjamín.


El silencio se hizo casi eterno.


Ahora me sentí un poco mas abrigada con la chaqueta. El perfume impregnado lograba sacar el salado del mar de mi nariz. No me recordó a nada. Lo miré. El seguía sentado a mi lado.
Y de alguna absurda manera, esperé o deseé que se quedara ahí.
Se escucho tan fuerte su deseo, sus ganas.


Quede sorda.


Me sentí un poco frustrado por aún no saber el color de sus ojos. Casi como si me hubiese escuchado, me miro y la luna me entrego el color.
Fue tanto su impacto


Quede ciega.
No pude saber nada mas. Los sentía en la playa. De alguna manera seguía sintiendo el mar.
No se que sucedió. No sé si fue o no una historia de amor.
Quizás caminaron de la mano a la ciudad, o cada uno con las suyas en los bolsillos de sus chaquetas. Quizás ni siquiera caminaron juntos.
Quizás el siguió pensando en ella. Y ella en Benjamín
Tal vez. Nada sucedió.
Quizás, no fue mas que un sueño de esta triste solitaria.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

Todos somos alcohólicos

Al final, soy como quiero ser. No pretendo engañar a la gente ni decirles que soy una dama . NO LO SOY. Digo garabatos, muchísimos por minuto, a veces se me pasa la mano, NO ME IMPORTA. A veces me pongo media buena pal webeo, ¿que tiene?. si hubiese sido un hombre, me hubiesen golpeado en la espalda y me hubiesen dicho...BUENA PERRO, pero como soy mujer, me mueven la cabeza y me dicen QUE MALA IMAGEN, ¿Y TU DIGNIDAD?. A LA CALLAMPA SUS DIGNIDADES. Si la quiero pasar bien, la pasaré bien. SE MIS LÍMITES Y JAMÁS LOS PASARÉ. Algunos se conforman con mirar desde lejos a los que  hacemos el ridículo, ¿pero sabes?, a veces en la vida hay que hacer el ridículo, se pasa bien, te libera. Y aquellos que miran desde lejos, en verdad por dentro mueren por subirse al balcón y bailar en el palo, o gritar y bailar sola, o simplemente agarrarse un weon o dos. ¿SUENA DE PUTAZA?, putaza sería acostarse con dos...LOS LÍMITES BIEN DIBUJADOS. (aunque me estoy llevando la contraria yo misma :s). ACLAREMOS, cada uno hace su imagen sí... pero?... por que el mundo siempre se queda con la parte mala?... miren lo bueno compadres y comadres... ESO es lo que hace a la gente... no cuantos weones se ha comido, o que tan borracho quedó la noche anterior... si fuera por eso... TODOS SOMOS ALCOHÓLICOS

martes, 6 de noviembre de 2012

.

 A veces pienso que lo estoy haciendo mal. 
otras tantas, pienso que lo estoy haciendo excelente, y unas pocas, muy pocas, simplemente no lo pienso.
No me creerías cuando te diga que ayer me trague seis litros de whisky, 
 o que corrí seis kilómetros a la redonda
No , no lo hice. y no me gustaría hacerlo.
Ayer me puse ropa, que me daba pánico usar.

Hoy pedí disculpas, recibí  un abrazo y una propuesta para agarrar mi trasero, la rechacé
Hoy me creí mina, y no titubeé

Hoy decidí dejar el miedo atrás.
Ese que me  paraliza, el que no me deja mover un pie delante del otro.
el que me deja sin hacer las cosas. el que, maldita sea, me  ha acompañado casi mis 22 años.

Esta es, quizás, la última vez que escriba algo así. Es  más, quizás  lo publique y no lo ponga en otro lugar. lo mas probable es que nadie lo lea. No importa es para mí, no para ti.

Esta vez.
El miedo queda atrás.



jueves, 11 de octubre de 2012

Un poquito del pasado.

Las verdades se tropiezan
Aquellas que  nunca supieron de su existencia,  se ahogan en
el mar amargo de lágrimas, caídas de ojos marchitos de tanto llorar
La piel se sella como el capullo de la oruga en el invierno
No surge, se ahoga y se seca...
No se salvaría ni aunque el mismo Dios bajara y le tendiera la mano, con sus agujeros aún
abiertos por aquellos endemoniados clavos que vieron a  través de él
Las marchitas manchas de sangre en las sabanas dicen
que aún hay gente con devoción
y aquellas sabanas manchadas de blanco ancestral, recuerdan la falsedad de la vida

Las tormentas se aseguran de caer en el lugar exacto, de lo contrario
un tsunami las podría derribar...

Y aún así la muchacha del balcón se digna a saltar
La gente corre  intentando rescatar , en un frasco de papel, el grito ahogado 
al caer...
El sonido sordo  de su cuerpo contra el cielo gris, construido con piedras , recuerda
 que la vida sigue siendo cada vez más cruel...
Recuerda en cada segundo la aterradora situación que hizo temerle al hombre, y él  
a aquellos pequeños espaciosos lugares oscuros...
El ataúd dorado que su madre le compró, fue hecho de lágrimas de delfín y odio infernal
Mientras los cielos se hacen un poco más ácidos
La tierra va cubriendo el ataúd , donde yace la muchacha
con marcas en su piel
con sufrimientos y recuerdos.

lunes, 8 de octubre de 2012

Esto es sin llorar.

Sí, soy cínica... mis amigas lo saben
Si llegase a ser una mala persona... no habría gente que me quisiera a excepción de, quizás, mis viejos.
Sí, hablo de gente que no conozco, como ellos de mí.
No me creo una santa, ni menos un ser oscuro...
No creo en el no decir las cosas, mas bien creo en decirlas aunque duelan...
Escribo para mí y por mí... por lo tanto me da igual si pongo bien o mal un tilde.
No creo en la amistad pasajera, si no en la que se construye ladrillo a ladrillo, temblor a temblor
Creo en mí y en los que amo.
No creo en los que no quiero, no los conozco.
Vivir y dejar vivir..
Me río de gente hasta llegar a ser cruel.
lloro por los demás, cuando realmente me tocan la fibra.
Soy humana y me equivoco, como entiendo que tú también lo eres.
si no me interesas.....
si me interesas, me desvivo porque todo este bien
Cuando no eres mi amigo, si triunfas, te celebro, o quizás no. Si pierdes me rió y a carcajadas, o quizás no.

Al final... una nace solo y muere solo... la clave está en vivir la vida, con las mejores compañías.
Vivir y dejar vivir...
Reír y dejar que se rían...
Esto es sin llorar!

domingo, 23 de septiembre de 2012

Cursi

Despacio, acarició el largo de su pierna desnuda, quiso arrimarse a su cuerpo
pero un leve sonrojo le apareció en las mejillas.
Quería besarle la nariz, la cara, la boca
La luz de la luna dejaba entrever el color de su largo pelo;
podía ver como sus ojos  se movían veloces bajo sus parpados cerrados.
volvió a pasar su mano por su pierna, una leve sacudida recorrió su espalda
El sonido de las olas chocando entre si, era el soundtrack perfecto para aquella ocasión.
recordó cuando la conoció.
en esa misma playa.. vacía, llovía
ella estaba descalza mirando el mar...
el sol era tragado por las olas
y él tenía un paraguas.
Le ofreció acompañarla y ella lo miró, entrecerró sus ojos verdes, escondidos por sus largas y claras pestañas
volteó de nuevo sin decir nada, y asintió mientras los últimos rayos del sol se escondían tras las olas furiosas de un día de lluvia
sonrió-
volteó la cara hacia mí, y
la luna saco un pequeño destello de la argolla que llevaba fielmente en su nariz
despacio.
despacito
dijo su nombre.
sonrió...
esta vez.. quizás, un poco cursi, sonrió con el alma.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Juntitopa'quenoseteolvide.

Podríadecirtextrañotantomilvecesydenadaserviría,mesacastedetúmentecomoseolvidaelnombredelachicadelanocheanterior.Meenviastetanlejosqueyasemeolvidoturostro,norecuerdotuvoz,nisiquieratusonrisa.Quiseabrazarteperoyanopuedomirarte.Tesientotanlejosyestástanlejos,escasicomosifaltaralgo,¿meodias?¿aúnmequieres?¿mepodríasvolverameterentuvida?quizásno,estabien,cadaunotomalasdecisionesmascorrectasparasuvida.Hoytomoladesicióndedejarte,dejarteatrás,nodeolvidarte,nolopodríahaceraunquequisiera.sinoderespetartudecisión.Mesientotanlivianaporaceptaresto,aunquehayanpasadomesesdesdelaúltimavezquetevi,teentiendoperonotecomprendo,malditosclichéssiemprematantodo.aúntequieroyquizás,tequerréporsiempre.Hoytedejeomarchardemiladodefinitivamente,fuistealgomaravillosoqueacabó.Ojaláseasalgoasíenlavidadealguienmás.textrañotantoquehoyteolvido.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

HOY

Quisiera volver a los 2
para poder ver la cara de mi abuelo,
 solo lo recuerdo por fotos,
sentir su olor y guardar una caricia en el corazón

Quizás tener 8 
para vivir TODO eso... de manera diferente
Sin guardarlo
sin bloquearlo
haberlo hecho parte antes y con menos dolor

a veces siento que volví a tener 13
a mirar escondida o de reojo por el patio
buscando...
LO SÉ
 estoy vieja para andar indicando con el dedo
.
A veces me siento de 15
quizás...tengo cara de 15
me dan ganas de volver  a vivirlos... no cambiaría nada
todo me ha llevado a ser lo que soy hoy

quisiera tener 18
de nuevo
para volver a vivir mi primer año de universidad.
no fue el mejor...
pero nadie dice que la pase mal


hoy tengo 21
y la verdad...
lo estoy disfrutando...
soy quien soy por mis heridas, 
por mi cicatrices
por mi llantos...
pero por sobre todo...
por lo momentos de carcajadas...
los momentos en que el viento azotó  tanto mi cuerpo como mi alma
por la veces que mis amigas me dijeron   tranquila 
o por la veces que algunos pocos me dijeron te quiero al  oído
SOY
por mi vieja, por mi viejo
por mis hermanos y hasta por mis perros y gatos.

soy plena, soy feliz.











domingo, 2 de septiembre de 2012

Unas lucecitas tras mis parpados

Las luces parpadeantes lograban atravesar mis parpados cerrados. La música se metía no solo por mis oídos, sino que por cada poro de mi piel; sentía una gota de sudor bajando por mi espalda libre,  la polera que llevaba esa noche  me daba esa  posibilidad.
Estaba cansada, mis pies enfundados en unos zapatos de tacón fueron, quizás, una mala opción.
 Me sentí  libre, como hace mucho que no me sentía... quería bailar, solo eso... bailar.
me sentí linda
 me sentí feliz
Baile sola mucho rato, sentía las risas a mi alrededor, empujones en mi espalda o en uno de mis hombros.
yo seguía en eso...bailando...
 la música cambiaba de género, de ritmos, de velocidad, de intensidad
 mis brazos subían y bajaban, mis ojos cerrados no querían ver nada, o a nadie, que los distrajera de  la crucifixión que llevaban en ese momento.

Sentía como, con cada gota de sudor, se extinguía cada pena, cada rabia y cada mal momento pasado,
 estaba libre.
 De cuando en cuando me llevaba a la boca la botella de corona, y daba un largo sorbo.
La cerveza helada  bajaba hasta mi estómago, sentía como se metía en mi sangre y  me subía  a la cabeza
 Quise reír, reír como nunca antes, pero no lo hice
decidí guardarla y poder dosificarla para los días de pena, para tener siempre un poquito de esa sensación de éxtasis en mi piel.


martes, 21 de agosto de 2012

Un último murmullo

Me acerqué despacito...
la luz de la luna iluminaba su espalda desnuda
ella trenzaba su pelo mientras tarareaba una canción,
 despacito...
 podía ver el reflejo de sus facciones perfectas en el vidrio,
su delgada figura acompañada de unos pechos firmes,
sus labio rojos se movían al compás de la canción que murmuraba
Mire la habitación.
sus tres paredes de vidrio, una cama de sabanas blancas en el medio. 
Mi chica en el centro.
memorice sus movimientos, sus dedos ágiles como araña tejedora
sus labios lentos y veloces.
Unas mil y una estrellas confundidas con las estrellas ficticias de la ciudad, 
ella parecía casi un cuadro de...
no sé
creo que nadie a pintado algo así jamas.
aguante la respiración, no sé cuanto tiempo,
pero mi cabeza comenzó a dar mil vueltas al revés
 me apoye en el marco de la puerta.
Ella hacía y deshacía la trenza en su largo pelo chocolate
cada vez que partía una nueva, la canción murmurada cambiaba.
Jugué a adivinar el nombre de cada una,
quizás
alguna acerté 
la luna fue cambiando su posición despacito
ella de a poco se fue acurrucando entre sabanas de lino y almohadas de plumas
jamás dejo de tararear ni de trenzar 
yo 
inmóvil
no podía quitar la vista de ahí.

Un último murumullo
me hizo brincar y querer correr a su lado,
en cambio
me acerque despacito
y la abrace esperando que el matiz oscuro del cielo fuera
cada vez
 un poco mas claro.

Un último murmullo



...




jueves, 9 de agosto de 2012

martes, 7 de agosto de 2012

Azul Rey

Su pelo castaño oscuro estaba enmarañado, pegoteado.
 Un charco rodeaba su cabeza, en forma de halo.
 En su mano izquierda  llevaba un  anillo
un diamante de un quilate 
El vestido azul rey, pegado a su cuerpo, parecía una segunda piel.
Su mano derecha estaba en una extraña posición, al igual que su pies,
cada uno enfundado en un zapato de cuero negro, los tacones eran de unos 15 centímetros.
Sus ojos miraban perdidos el techo infinito
su boca entreabierta, quería decir algo...
el color rojo brillaba un poco con la luz de la luna que se colaba por la ventana


En una esquina de la habitación, ahí donde la luna no bañaba nada, ahí donde un susurro, bajo y permanente, ahogaba  el grito de una garganta sin fuerza, ahí,
ahí estaba él, con sus manos bañadas en el halo de la chica

lunes, 2 de julio de 2012

Seis metros bajo tierra y cuatro sobre el cielo

Muchas veces quise, y lo hice. Otras tantas me escondí y corrí kilómetros psicológicos arrancando de la verdad que pesadamente me pisaba los talones.
Unas cuantas me encerré en un baño con una botella de ron, whisky, si es que había... y un par, varios, de pastillas a simplemente olvidar. 
Porque, Por que (aún no aprendo cuál y estudio Literatura...CUECK!) ingenuamente creía que olvidar era lo mas sano que podía existir en la faz de la tierra.
De a poco aprendí que el olvidar jamas ayuda .
La meta no es olvidar, la meta es  hacer parte y aceptar.
Aceptar que quizás lo que paso, paso por una razón , que las palabras que se dijeron se dijeron por esta otra razón y que hiciste lo que hiciste por esta aquella razón.
Hacerse cargo de los errores, aceptarlos.
Perdonar, para perdonarse.
Cometí errores en mi vida, lo acepto.
Hice daño y me hicieron daño.
Sufrí e hice sufrir.
Perdone para perdonarme.
Si  no lo hubiese hecho, la locura y el olor a podrido estarían en mi reino, como en el reino de Hamlet.
Muchas veces agarre mis miedos mas profundos y los escondí
 seis pies bajo tierra, 
y espere que  los momentos mas bellos fueran
cuatro sobre el cielo.
El punto es que los enterré cuando aún no los había hecho parte de mi
cuando aún no  los aceptaba.
Pasaron  días,  semanas, meses y años.
Tuve que correr miles de kilómetros psicológicos, 
tuve que tomarme hasta el agua del florero 
 y recién en ese momento,
tirada en el piso, 
con los ojos hinchados y con heridas en mi cabeza, de tanto rascarme.
 Acepté lo que había sucedido.
Perdoné
Me perdoné
y me acepté.
Pude enterrar mis miedos seis pies bajo tierra,
aceptándolos y esperando que de aquí en adelante todo sea
cuatro sobre el cielo.